Cuando la restricción se convierte en una escuela1 min lectura
Por Pablo Mimbela, Sub Gerente de Minera Aurífera Retamas S.A.
He trabajado en empresas con presupuestos holgados, recursos abundantes y pocas restricciones.
Y he trabajado en equipos que tenían que justificar cada compra, gestionar cada dólar y encontrar soluciones creativas para sostener la operación.
Con frecuencia, son estos últimos quienes desarrollan capacidades que difícilmente se adquieren en escenarios cómodos.
Las restricciones obligan a priorizar. La incertidumbre obliga a pensar mejor. Y la necesidad obliga a innovar.
He comprobado cómo los entornos exigentes fortalecen el criterio, desarrollan resiliencia, mejoran la capacidad de decisión y enseñan a diferenciar lo importante de lo accesorio.
La comodidad desarrolla procesos. La incomodidad desarrolla criterio.
Hoy agradezco haber trabajado también en entornos difíciles. Muchas de las capacidades que más utilizo como logístico no nacieron en la abundancia.
Nacieron en la restricción.
Eso me recuerda algo que los estoicos llamaban “incomodidad voluntaria”: exponerse deliberadamente a escenarios difíciles para desarrollar fortaleza y criterio antes de que la realidad obligue a hacerlo. No como castigo, sino como entrenamiento.
Quizá las empresas, y quienes tenemos equipos a cargo, también deberíamos reflexionar sobre ello.
¿Creen que las restricciones forman mejores profesionales o que simplemente hacen más difícil el trabajo?




